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El Poder de la Ilusión
  -  Blog   -  BIOGRAFÍA DE SAN JUAN DE DIOS.
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Juan Ciudad Duarte nació en marzo de 1495 en un pueblo llamado Montemoro-Novo, en el centro-sur de Portugal.

La familia Ciudad Duarte, en 1503, permitió que su hijo Juan, de ocho años de edad, fuese llevado a España, a través de algún contacto de confianza, para que aprendiese el oficio de pastor y ser así educado en una respetable casa cristiana, en Oropesa (Toledo). El patrón de la casa,  era dueño de una hacienda agrícola y ganadera, con grandes rebaños de ovejas y vacas, en plena zona de trashumancia y cerca del centro ganadero más importante de la zona: Talavera de la Reina.

 

Su vida como adulto.

En 1523, a los 28 años, decidió alistarse en el ejército del rey Carlos I, con las tropas del conde de Oropesa, para luchar contra los franceses que habían sitiado la fortaleza de Fuenterrabía en Navarra. Regresó a Oropesa y tras ocho años trabajando como pastor y caballerizo, decidió volver a probar fortuna, alistándose de nuevo en el ejército, con los famosos Tercios de infantería del ejército español para defender las fronteras de Europa de la amenaza de los otomanos, con Solimán “el magnífico” a la cabeza. En 1529-1532 Viena fue sitiada por los turcos y era urgente reunir fuerzas de todo el Imperio para evitar el avance. Así, en 1532, Juan se unió de nuevo a las tropas del Conde de Oropesa y llegó a Viena, casi al final del asedio, justo para vivir el triunfo de las tropas del emperador. El regreso a España fue vía Flandes hasta llegar al puerto de A Coruña en 1533.

Tenía 38 años y decidió emprender camino hacia su pueblo natal para conocer sus orígenes y la suerte de sus padres. Allí se encontró con su tío, quien lo acogió y le puso al día de todo lo sucedido con su familia desde que él se fue.

Desde su pueblo natal se dirigió hacia la ciudad más importante y conocida del momento: Sevilla. Sevilla era centro aglutinador de una intensa actividad comercial, política y social. En ella se gestionaban y decidían los grandes negocios de ultramar y europeos. Trabajó unos meses como pastor y decide dirigirse hacia Gibraltar para embarcarse hacia Ceuta, atraído por la expedición organizada por el emperador Carlos V a la cabeza de los Tercios españoles en junio 1535, conocida como la Jornada de Túnez. Expedición militar de alta envergadura en la que participaron un elevado número de fuerzas navales y terrestres, pero durante el  viaje en barco, conoció a una familia portuguesa que había caído en desgracia: la familia Almeida, un matrimonio con tres hijas. Desterrados de Portugal, arruinados y enfermos, despertaron en Juan el sentimiento de ayudar y hacer algo para remediar la miseria de aquella familia, y no dudó en ofrecer su salario como peón de obra en la construcción de las murallas de Ceuta.

 

Su vuelta a España.

Tras unos meses en Ceuta, en 1537, Juan decide volver a España. Desde Gibraltar se encaminará hacia una nueva etapa, intensa y definitiva. Seguía teniendo una inquietud… algo pendiente que hacer, pero aún no sabía qué, ni dónde. Con 41 años, había corrido mundo y había vivido duras experiencias, sin echar raíces en ningún lugar, por lo que se le hacía necesario buscar un medio de vida que le permitiese una estabilidad. La venta de libros y estampas era entonces un negocio incipiente y podía ser un buen oficio para ganar dinero y acomodarse en una ciudad.

A Juan le fue bien en el negocio. Fue vendiendo libros, estampillas y rosarios de forma ambulante por los pueblos de Andalucía, hasta llegar al lugar que había decidido para establecerse: Granada.

Era el mes de octubre de 1538 cuando Juan llega a Granada. Es una ciudad próspera y abierta en la que moriscos, judeoconversos, gitanos y cristianos conviven de forma pacífica, a pesar de las dificultades y de la pobreza. El comercio y la artesanía se han arraigado y Juan se instala en la ciudad con sus libros y estampas. Va a ser un miembro más del gremio de comerciantes, abriendo una librería en la calle Elvira, arteria principal de Granada que, junto con el Zacatín, articulaban el acceso a la ciudad desde la Vega que la circundaba o desde pueblos como Loja o Santa Fe. La calle Elvira, era, originalmente, más estrecha de lo que hoy conocemos y era de paso obligado para casi todos los que entraban y salían de la ciudad.

Su oficio como librero le aportó ventajas tales como relacionarse con personas cultas y de clase social alta, que eran los que más interés mostraban por los libros; alcanzar una posición económica holgada que le permitía donar limosna para los necesitados; y mantenerse al día de las últimas novedades de publicación, lo que le daba la oportunidad de leer temas de diversa índole.  Por fin Juan había encontrado su anhelada estabilidad. Gozaba de una aceptable situación económica, se había dado a conocer y estaba integrado en la comunidad.

Lo que menos podía llegar a imaginar era lo que estaba por venir. Había llegado a su meta a sus 43 años, ya había conseguido su propósito. Sólo le quedaba defender su pequeño negocio, dar limosna a los necesitados y recomendar buenos libros a sus clientes para ayudarles a ser mejores personas.

 

Una de las personas que más marcó su vida: San Juan de Ávila.

 

El 20 de enero de 1539, día de San Sebastián, era fiesta en Granada por ser la festividad del patrón de los comerciantes. Juan asistió a la Ermita de los Mártires, en el bosque de la Alhambra, dispuesto a conocer al famoso predicador Juan de Ávila, quien iba a presidir la Eucaristía y a predicar la homilía. Valía la pena escucharlo, pues era conocido por su habilidad retórica y sus mensajes cristianos llenos de coherencia, pragmatismo y contundencia eficaz. Juan estuvo muy atento durante todo el sermón. Cada palabra, cada idea que escuchaba debió de encajar perfectamente en su interior, provocándole un ardor y una emoción únicos, y cambiando, no sólo sus gestos y expresión en ese preciso momento, sino que, irremediablemente, cambiaría ya el rumbo de su vida.

Lo tomaron como a un loco y fue ingresado como tal en el Hospital Real de Granada. Allí termina la historia de Juan Ciudad, de Juan “el librero”, y comienza la historia de Juan de Dios, pues fue allí donde descubrió su verdadera vocación humanitaria y hospitalaria, vocación que desarrollaría hasta su muerte en la ciudad de Granada, con la ayuda de Juan de Ávila y de los granadinos de todas las condiciones socioculturales y económicas.

Juan de  Dios estuvo muy presente en la memoria de los ciudadanos de Granada, que recogieron relatos de su vida y testificaron en el proceso de su beatificación. Fue beatificado por el papa Urbano VIII el 1 de septiembre de 1630 y canonizado por el papa Alejandro VIII el 16 de octubre de 1690. Además fue nombrado santo patrón de los hospitales y de los enfermos.

San Juan de Dios fue enterrado en el convento de la Victoria de Granada (Carmen de los Mínimos) en el año 1550. Sus restos permanecieron allí hasta el 28 de noviembre de 1664, cuando los hermanos de su orden los trasladaron a la iglesia del Hospital de San Juan de Dios. En 1757 un nuevo traslado tuvo lugar al ser construida la Basílica que lleva su nombre, en cuyo camarín reposan definitivamente.

Todos los granadinos se hicieron cómplices del bendito Juan de Dios… ¿Qué hizo Juan de Dios en la ciudad de Granada durante sus últimos diez años de vida, y las huellas que dejó y que aún perduran no sólo en Granada, sino en el mundo entero?.

 

Todo esto y mucho más es lo que descubriremos en nuestra ruta “Descubriendo la Granada de San Juan de Dios”, que próximamente iniciaremos. En ella podrás descubrir la apasionante vida de este santo tan vinculado a la ciudad de Granada. Visitaremos todos los lugares que dejaron una huella indeleble de este importante personaje en la memoria histórica de esta ciudad, como la Basílica de San Juan de Dios, la casa museo de los Pisa, etc., de la mano de nuestra experta guía, María del Mar Giménez Martínez.